Wednesday, January 29, 2020

La ventana del porche





Día 27 de enero. Veo por la ventana de mí pórche, en la parte trasera de la casa. Hoy es lunes, así que todos están trabajando o en la escuela, lo que explica porque hay tantos espacios vacíos para escoger en donde estacionarme. Me gusta escoger un lugar donde se vea mi carro desde la ventana. Y sí, ahí está. Mi carro no es nada especial, es chico y básico. Pero por ahora me conformo. Eso sí, con tal de que no me deje a pie como la carcacha del galán de Selena. Mí carrito es de color negro, porque quizás es mi color favorito, pero quizás no. No lo he lavado, así que se nota la sal secada en el lado que veo. Creo que iré a lavarlo, así se ve mejor. Hoy es martes. Me gustan los martes, quizás porque es día dos de la semana y me gustan los números pares. Tal vez también porque en el verano mí familia sale temprano del trabajo y hacemos una arrachera o burritos en martes bonitos. Pero hoy el día es frio y no hay nada que preparar, ni mucho que hacer… Más que mirar de adentro como las ardillas echan carrera cuando se trepan para alcanzar el arriba del poste de la luz. Me da el hambre y dejo la ventana sola. ¡Hump Day! Son las once con unos minutos y veo por la ventana como el camión de la basura se acerca a mi garaje. Me pregunto cómo es que cabe ese camiónsote por los callejones tan pequeños. Dos hombres arrastran los botes y huyen, así de rápido como las ardillas que vi ayer. !Pip! Pip! !Pip! Pita el microondas y mejor me apuro a abrirlo porque odio ese sonidito.

Mi ventana 3 dias

Lunes: Me acomodo en el sillon de la sala y miro fijamente a la calle que me ha hospedado los últimos veinte años. Luna, mi gata, se acuesta a un lado mío pidiéndome con la mirada que la acaricie. En seguida viene mi perro, un pomerano caramelo, que sigue cada paso de Luna hasta no poder alcanzarla cuando se trepa a los arboles. Sol, mi perro, se trepa al sillón y comienza ladrar cuando ve pasar al vecino. Un señor alto y guero, por cierto muy joven de unos treinta anos, sale de su Honda portando un traje azul marino. Quizás el traje azul sea suficiente para taparlo del frío, pero lo dudo, sus mejillas rojas parecían que había corrido un maratón. Al salir del coche, abre la puerta de atrás y saca una mochila negra la cual se mira casi vacía.
-"Basta Sol!"
Mi perro se calma y el hombre cruza la calle para entrar a su casa.

Martes: El sillon gris me espera, pero mi gata anda de vaga en la calle. La Fry luce oscura solo la alumbra los postes de luz que radian su luz al suelo. En el segundo piso del condominio de enfrente se ve una televisión montada contra la pared que pasa lo que me imagino ser una película o una serie. A mi mama siempre se la ha hecho raro que los gueros, por lo menos los de mi cuadra, no cuelguen cortinas.
-"Ay como no les intimida que vean todo"- Escucho decir a mi mamá en mi cabeza.
En eso si concuerdo con mi mama, a cualquier hora se ve si estan en casa, si están viendo tele, si andan en pijama, o si tienen fiesta. Se supone que la casa es el nido de la familia o de una persona, el nido de la privacidad-- pero en la Fry los condominios parecen ser escena de cine para los demás.

Miércoles: Sol puesto en la ventana parece ser el periódico de la cuadra, cualquier movimiento lo reporta con un ladrido. Lo llamo para que se mueva y me deje mi espacio para poder observar la oscura cuadra. Siento el frío entrar por la ventana y aunque nadie lo invito sigue penetrando. Nunca he entendido por que mis papas decidieron migrar a una ciudad tan fría tan gris en los meses de invierno y tan azul y llena de olas por el verano. Escucho sonar el pitido de un carro, volteo y miro un Jetta gris parado a dos casas de distancia con las intermitentes prendidas. Veo a un hombre chaparro y abrigado con chamarra negra bajar del choche con una bolsa roja de Grubhub. En seguida sale mi vecina, una muchacha recién aliviada, en pantuflas azules. Recibe su comida, le sonríe y el señor se va. Observo unos cinco minutos mas, pero la calle esta oscura y nadie la camina.

desde mi ventana

Lunes

Hoy es un dia gris otra vez. No hemos tenido sol en Chicago desde no se cuando.
Y como ya es tarde ya va a oscurecer y el dia se ve todavía más gris.
Todavía hay poca nieve en el piso del fin de semana.
Desde mi ventana veo mis escalones color marrón y que tan maltratados estan por el invierno.
La pintura color marrón se le están cayendo y los escalones se ven muy tristes por lo despintado que
están. Los escalones tristes combinan con el triste dia gris.


Martes

Hoy hay menos nieve en el piso que ayer. Sin embargo hoy también es un dia gris como ayer.
El carro verde limón del vecino resalta entre la poca nieve blanca y el gris del cielo.
El carro verde no estaba allí ayer pero ahora si esta y es lo más llamativo que se ve por mi ventana.
También veo a algunas vecinas llegar de recoger a sus hijos de las escuelas pero no les pongo mucha
atención porque luego van a inventar un chisme de que las estaba espiando o algo asi.
Así que me enfoco en el carro verde porque es lo que más me llama la atención.
No he visto ningun otro carro de ese color. Al verlo empiezo a pensar porque el vecino había comprado
un carro de color verde limón?

Miércoles
Ya casi oscurece y hoy no he visto a ninguna vecina. Tampoco he visto el carro verde limón del vecino.
Hoy se parece al Lunes. Ambos días fueron grises y en ambos días el carro del vecino no estaba ni
vi vecinas llegando a sus casas. Aunque hay muchos otros carros estacionados por mi calle ninguno
me llama la atención como el carro verde limón. Lo único que es diferente del día de hoy es que está
nevando. Está nevando muy despacito y solo copos muy chiquititos están cayendo en mis escalones
color marrón. Los copos de nieve resaltan entre el marrón de los escalones y se ven hermosos al caer.

Tuesday, January 28, 2020

Frente a mi Ventana


Esta vez decidí observar por la ventana de la sala, la misma ventana que le da la mayor entrada de luz a mi hogar durante el día. Acomodada en el sillón y con los pies sobre una mesita de madera comienzo a observar lo que parece ser un día frio y nublado. Me llama la atención que como diría mi abuelita “No hay ni un alma en la calle.” Al parecer el frio es mas fuerte que las ganas de salir de la gente, pero no mas fuerte que el viento que azota las ramas de los arboles que perdieron sus hojas durante este triste y desolado invierno. El único adorno que tienen las calles pareciera ser los carros de distintos colores estacionados en la orilla, se podría decir que le dan vida. Al parecer mi hijo tiene una perspectiva diferente a la mía, y de la cual yo debería tomar de ejemplo. Mientras yo observo una calle desolada y un paisaje gris, él se concentra en las cosas más pequeñas y hermosas como aquel pequeño conejito buscando comida en el césped.

En este segundo día veo mas movimiento, no me he acomodado bien en el sillón y hay tantas cosas pasando a mi alrededor que no se en cual concentrarme. Los carros vienen y van, hay niños corriendo bicicleta y una anciana cargando unas bolsas del supermercado. Decido concentrarme en ella pues se ve tan débil y aun así trata de hacer un esfuerzo y cargar lo que parecen ser 3 pesadas bolsas. Oh al menos eso creo, No estoy segura. Puede ser lo tembloroso de sus manos lo que hace ver las bolsas más pesadas de lo que son. Con pasos lentos pero seguros, llega a su destino y la recibe un joven quien rápidamente la ayuda con las bolsas y le da su mano. Sin embargo, no puedo dejar de pensar en ella y recordar a mi abuelita. Esa mujer que me que me crio y la cual aun con sus manos cansadas y temblorosas jamás ha dejado de apoyarme.

Es mi tercer y último día observando por la misma ventana, a la misma hora y sentada en mi sillón. Contrario a los otros días, hoy puedo observar el azul del cielo, al parecer la densa neblina se canso de cubrirlo. El cielo despejado le da un aire de alegría y un toque veraniego a este invierno insoportable. Y es que yo que vengo de un lugar donde todo el año el clima esta por encima de los 100 grados aun no logro acostumbrarme. En verdad que no se si extraño el verano o es simplemente la alegría y los recuerdos que este me transmite.

Monday, January 27, 2020

A través de mi ventana


             Después de hacer los deberes de la casa, me decido por tomar asiento en mi sofá preferido de la sala familiar donde tengo una vista perfecta hacia el televisor y hacia una de las ventanas. El reloj marca un poco después de las cuarto de la tarde. Parece que no tengo vecinos, pues la cera que compartimos junto con otras cinco casas luce completamente vacía. Poco después de la media hora lo veo pasar: por fin he descubierto al responsable de traerse al vecindario todos esos carritos de supermercado que aparecen abandonados y apilados cerca del bote de basura. "Ingrato" me pongo a pensar mientras pasa muy quitado de la pena empujando su carrito lleno de cartones de cerveza con una enorme sonrisa en la cara. Pero inmediatamente me arripiento de llamarle así pues me pongo a pensar en el por qué de sus acciones: Tal vez no tiene auto donde llevar sus compras y es así como logra llevárselas a casa o tal vez es su propio carrito y no se lo robó de ningún lado y solo estoy imaginando cosas. Él continúa empujando su carrito y en cuestión de segundos lo pierdo de vista. Ese día él fue el único que decidió salir de las penumbras hacia el exterior. Es sábado y por fin he terminado de fregar los pisos de cada una de las habitaciones de la casa. Por fin me siento a descansar frente a la ventana. Falta un cuarto para las cinco y lo veo salir. Es mi vecino, el que vive justo al lado de mí. Antes de siquiera poder divisarlo ya sabía que iba a salir, pues en medio del silencio que me rodeaba pude escuchar como giraba la manija de su puerta, como la jalaba, pisaba hacia afuera y luego la cerraba detrás de él. Baja los pequeños escalones de la entrada de su casa y se dirije al estacionamiento. Es domingo, y el reloj marca las cuatro con veinte minutos. Llevaba ya varios días sin verla, sin oír sus gritos y regaños a sus pequeños, sin oler en la calle el olor repugnante del cigarrillo de esa hierba peculiar que se fumaba a diario, cuando de repente la veo pasar a toda prisa hacia su casa, con sus cabellos amarillos todos alborotados y detrás de ella, sus pequeños siguiéndola con enormes bolsas de comida rápida en una mano y en la otra sus enormes refrescos. No pasaron ni cinco minutos después de haberlos visto pasar, cuando le pude escuchar a través de la pared que nos divide que les estaba gritando a sus pequeños y ellos inevitablemente rompieron en llanto.

Sunday, January 26, 2020

Mi ventana


El anochecer se acerca. Se ve un cielo como el color de carbón. En la distancia a la izquierda se ve las luces de las calles. Se ve los carros pasar debajo de la mano de la luz en que un carro de color rojo aluza a la distancia. Se ven puntitos estrellesidos en color muy distinto, el color del sol durante el día. Hay casas móviles que están en línea como los dominós se ponen para crear una fila. Se ven carros estacionados en frente de mi ventana de diferentes colores, pero cae un peso bastante pesado sobre mi y aparezco en un cuarto negro solo.

Una vez mas la oscuridad me gana a la ventana. Una vez veo las estrellas luzando a la distancia con tanta magnitud. Se ven una vez mas los carros que pasan la calle llegando a cada luz como si estuviera buscando en donde estacionarse. Los mismos carros que están estacionados en frente de mi ventana aparecen. La única diferencia es que veo luces que caen del cielo con delicadeza y se pierde en un piso almohadas. Almohadas que aparecen a las llantas de los carros o arriba de los carros. Pero esta vez no cae un peso fuerte si no, no cae peso.

Las mismas estrellas aluzan con el mismo poder de cada día. El cielo cae con un color gris a diferencia de un color negro. Los carros pasan a menos frecuencia en la calle por el día. No cae nada del cielo, no hay emoción en ver el cielo. Cada día pasa y nada nuevo aparece. Nomas de vez en cuando. Los mismos carros que se estacionan en frente de mi casa aparecen otra vez en la noche. Esta vez no cae peso y todo se siente tranquilo.

Ejercicio #2 Ventana ventana ventana



Elija una ventana del lugar donde vive y escriba un párrafo contando qué ve durante tres días seguidos a una hora específica (la misma hora cada día, no importa cuál, la que sea de su preferencia).